Cultivar hongos comestibles puede ser una salida exitosa en la Argentina de hoy: productores y especialistas del “mundo fungi” coinciden en que se trata de una actividad altamente redituable porque no se necesita una inversión desmesurada para arrancar, al menos en un esquema a baja escala y siempre que se cuente con cierto capital. Un galpón de 20 por 20 metros y el dinero suficiente para comprar materia prima, maquinaria e insumos pueden ser el puntapié para alcanzar una cosecha anual de 2,5 toneladas de gírgolas, que cotizan a 100 pesos el kilo a granel y se cultivan tanto en troncos de árboles como en sustratos compuestos por un amplio abanico de desechos. Pulpa de café, aserrín, bagazo de caña de azúcar, cáscara de arroz, tusa de maíz, mosto de cerveza, desechos de la industria textil, viruta y hasta las camas de paja para caballos son todos terrenos propicios para la cosecha de hongos.
Si bien el champiñón es el más conocido por los argentinos –seguido por el hongo de pino seco, el que se usa para guisos y salsas–, la gírgola y el shiitake son especies que poco a poco van ganando adeptos, no sólo por el avance de la comida gourmet, sino también por la difusión de sus valiosas propiedades nutricionales y medicinales. Además de contar con valiosas proteínas (con todos los aminoácidos esenciales), minerales (potasio, fósforo y calcio), y vitaminas (B1, B12 y C), poseen betaglucanos, una sustancia utilizada en terapias contra diversos tipos de cáncer y que también favorece al sistema inmunológico ante afecciones inmunodepresivas o autoinmunes.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»