Con cierta periodicidad, la llamada marea roja altera la paz de las aguas de las costas chilenas. Un fenómeno que se produce por la proliferación excesiva de ciertas microalgas que pueden provocar cambios en la coloración del agua -a veces de tono rojizo, de ahí su nombre-, pero que también generan distintas clases de toxinas, que ponen en riesgo tanto a la fauna marina como a los seres humanos.
En la búsqueda de un método rápido, eficiente y económico de detectar el problema, un equipo de estudiantes de Ingeniería en Biotecnología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile (UChile) está trabajando en el desarrollo de un biosensor que entregue una respuesta en un plazo no mayor a las tres horas.
El procedimiento tradicional puede tardar entre 24 y 48 horas en alertar la presencia de toxinas en el agua, y consiste en preparar un extracto con el agua de mar que se cree contaminada, inyectarlo en un ratón y ver su reacción (si el animal muere, entonces hay toxinas).
En cambio, el proyecto BiMaTox no requiere de animales de prueba, si no de un test sencillo que reacciona cambiando de color. “Es una maquinaria molecular capaz de determinar la presencia de toxinas en las muestras de agua y su concentración. Si es positivo, el biosensor -fabricado en una matriz de celulosa- cambia de color, alertando que hay un nivel de toxicidad para el ser humano”, explica Jorge Vielma, uno de los integrantes del equipo UChile Biotec.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 9 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»