Pequeños, jugosos y de un intenso color azul violáceo, los arándanos son frutos ricos en antioxidantes, vitamina C y que los hacen muy apreciados en el mercado nacional e internacional. Sin embargo, su fragilidad y corta vida útil dificultan su comercialización en fresco. Para enfrentar ese reto, se desarrolló una lámina a base de almidón de yuca, con adición de aceite esencial de mentol y limoneno que protegen los frutos, alargan su vida útil y reducen el uso de empaques plásticos.
En regiones como Boyacá, Cundinamarca, Antioquia y Nariño ya se cultivan variedades adaptadas al clima andino, muchas de ellas traídas originalmente de Estados Unidos. Este fruto, que antes era importado, hoy tiene un potencial agroindustrial clave para el país. A pesar de su alto valor nutricional y comercial, el arándano tiene una gran desventaja como muchas ‘berries’: es extremadamente sensible al deterioro por hongos, bacterias y cambios de temperatura. Su vida útil, incluso refrigerado, no suele superar los 15 días.
A pesar de su alto valor nutricional y comercial, el arándano –como muchas otras “berries”– tiene una gran desventaja: es extremadamente sensible al deterioro por hongos, bacterias y cambios de temperatura. Su vida útil, incluso refrigerado, no suele superar los 15 días.
Para prolongar su frescura sin recurrir a aditivos sintéticos ni plásticos contaminantes, la investigadora Sofía Castellanos González, de la Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), diseñó y evaluó una lámina activa elaborada a base de almidón de yuca con mentol y limoneno, sustancias antimicrobianas incorporadas mediante saturación por adsorción, que mejoran su dispersión y estabilidad.
El almidón de yuca se eligió no solo por su disponibilidad sino también como apuesta por la economía circular, reduciendo además el uso de plásticos derivados del petróleo y aprovechando subproductos de la agroindustria. El desarrollo se llevó a cabo en el Laboratorio de Empaques y Vida Útil de Alimentos del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la UNAL, a partir de procesos de extrusión en caliente, que permitieron obtener una película delgada, flexible, y completamente biodegradable, es decir, capaz de descomponerse naturalmente sin dejar residuos contaminantes.
Para enriquecer la lámina con propiedades antimicrobianas se utilizaron mentol y limoneno, compuestos activos presentes en los aceites esenciales de la menta y los cítricos, conocidos por atacar la pared celular de hongos como Botrytis cinerea, principal causante del deterioro del arándano. Estas sustancias no se mezclaron directamente con el almidón, sino que se incorporaron por contacto, mediante un sistema de exposición en un recipiente hermético, que impregnó las láminas evitando la volatilización de los compuestos antes de empacar los frutos.









Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 8 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»