Detrás de la yuca frita, asada o cocinada que todos los días se degusta en las mesas colombianas hay toda una armadura genética que protege a este tubérculo en los cultivos. Una experta en Microbiología encontró cerca de 30 genes que permitirían tener variedades resistentes a enfermedades mortales o sequías en el futuro, así como a herbicidas o pesticidas.
Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (2019), la yuca es el quinto bien agrícola más producido en el país, detrás de la caña panelera, el plátano, la papa y el arroz. Se cultiva en todos los departamentos con una producción total de al menos 2,4 millones de toneladas anuales, pero es preponderante en la Costa Atlántica, los Llanos Orientales y el Cauca, con las dos variedades más conocidas: dulce y amarga.
Solo en Colombia hay casi 200 variedades, y más de 6.000 en el mundo, por lo que es uno de los tubérculos más importantes y su cuidado es fundamental para miles de familias campesinas que se dedican a su cultivo.
Por eso el principal objetivo del grupo Mainhot Biotec de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) es entender cómo se desarrollan las variedades nativas y consolidar en la genética de la planta una resistencia ante ambientes y condiciones adversas.
Es así como aparece la investigación de Margelly Andrea Bastidas Pardo, magíster en Microbiología de la UNAL, quien usó la Bioinformática, un campo que combina la Biología y la Estadística para analizar grandes cantidades de datos y adentrarse en la genética de la yuca en el mundo, además de revisar las principales bases de datos que registran la forma en que este tubérculo reacciona a la bacteriosis vascular —principal enfermedad de la yuca en Colombia—, la mosca blanca y el estrés hídrico, es decir, ambientes de sequía extrema y falta de agua.
Recordemos que la bacteriosis vascular es una enfermedad originada por Xanthomonas axonopodis pv. manihotis, una bacteria que puede estar en el suelo o en el aire que rodea los cultivos, e incluso en los cuchillos o machetes cuando se realizan los cortes en las cosechas. Puede dañar rápidamente y por completo un cultivo, pues marchita y mancha las hojas, y lesiona el tallo de la planta; además puede afectar el tubérculo, pues produce un color amarillento en la yuca como tal, por lo que los productores tienen mucho cuidado al elegir lo que van a comerciar.
La investigadora se concentró en las proteínas NB, que están en la planta para activar mecanismos de defensa internos, como guardianes de un castillo que encienden las alarmas ante la invasión de un patógeno o agente extraño. Estas ya se han reportado en la literatura sobre el tema como una clave para enfrentar la bacteriosis vascular, pero hasta ahora no se sabía que los genes que la producen en el organismo de la planta también activan otro tipo de defensas, como la resistencia ante la mosca blanca, que se alimenta de la savia de las hojas, una relación beneficiosa con el hongo Rhizophagus irregularis que le permite obtener nutrientes, o resistir sequías.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»