Alrededor del 25% de las tierras del mundo registran un alto grado de desertificación, convirtiéndose en un grave problema, cuyas consecuencias podrían ser devastadoras para la población, traspasando las fronteras, los asuntos políticos y administrativos de los países, las zonas ecológicas y los niveles socioeconómicos. Sus consecuencias se reflejan en un incremento en la emisión de gases de efecto invernadero, en la pérdida de servicios ecosistémicos y en la reducción de la productividad en zonas agrícolas.
En el caso del Ecuador, la degradación responde a un proceso de transformación de zonas con vegetación natural hacia cultivos, pastizales y otros usos, lo que afecta seriamente a los ecosistemas. Asimismo, se ha perdido suelo fértil y cobertura vegetal natural, debido en parte a malas prácticas agrícolas como son el uso excesivo de químicos, deforestación, monocultivos intensivos, falta de rotación de cultivos lo que genera perjuicios económicos al sector.
Según datos generados por el Ministerio del Ambiente y la FAO, las pérdidas asociadas a la degradación de la tierra ascienden al 7.6% del valor bruto de la producción agrícola. A nivel provincial, Manabí es la que más ha perdido en términos de degradación de las tierras, seguida de las provincias de El Oro, Imbabura, Loja y Guayas. Este impacto también tiene repercusiones en la disminución de fuentes de agua, el aumento de la vulnerabilidad ante eventos climáticos en la agricultura y por lo tanto, en la seguridad alimentaria, disminuyendo las oportunidades de desarrollo de la población.
Entre las principales causas de degradación en el Ecuador se encuentra la deforestación y la remoción de vegetación, así también las prácticas de sobrepastoreo causadas por una excesiva carga de ganado que afecta a la productividad del suelo. Sin embargo, existen otras causas como la urbanización no planificada que también afecta el uso sostenible de este recurso. Para los expertos en la temática, el no contar con medidas de ordenamiento y planificación territorial ha influenciado en un crecimiento desordenado de las ciudades, comprometiendo tierras con alto potencial agrícola, lo que se traduce en pérdida de terreno fértil, menores volúmenes de producción y por lo tanto una menor oferta de alimentos para los consumidores.
Frente a este escenario, el país ha planteado diferentes iniciativas para combatir la desertificación y la sequía, entre las cuales se destaca la implementación del proyecto “Apoyo a la Toma de Decisiones para la Integración y Ampliación del Manejo Sostenible de la Tierra” (DS-SLM, por sus siglas en inglés), que contó con el apoyo de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés). Con esta intervención, se realizó la primera Evaluación Nacional de la Degradación de la Tierra y se incorporaron insumos para la integración del Manejo Sostenible de la Tierra (MST) en los procesos de planificación territorial y los sistemas de financiamiento; el fomento del diálogo interinstitucional e intersectorial; y se brindó asistencia técnica en la formulación de políticas y toma de decisiones para combatir, detener y revertir la degradación.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 7 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»