Con las palmas de sus manos sumamente blancas, producto de la humedad que le genera el estar ya varias horas cosechando y clasificando el producto en medio de la llovizna que cae en la zona, María Quezada acelera el ritmo en su tarea de clasificar el tomate.
Ella, una de las tantas agroproductoras de la comunidad Baijón Bajo, ubicada a unos 30 minutos del centro cantonal de Oña, relata lo difícil que resulta trabajar en el campo, en medio del sol o la lluvia, y los gastos que esto representa.
Asegura que trabajan con productos orgánicos, pero que los costos que representa el fumigar con insumos para contrarrestar las plagas y enfermedades, al igual que los abonos que requieren las plantas, con miras a obtener una buena cosecha, son elevados, mientras que los precios en el mercado no se compadecen de esta realidad.
“Empezamos por comprar la semilla, luego viene los insecticidas y plaguicidas, los abonos, realmente ya no sabemos que hacer, no hay en qué más trabajar, desde hace unos cuatro meses ha caído totalmente el precio del tomate, nos pagan a cinco cuando más a seis dólares la caja, pero eso del grueso, y el delgado casi ni quieren comprar, hay rumores de que está entrando producción por la frontera, no sabemos cual mismo será la causa”, expresó la mujer.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 7 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»