El sol indica que son alrededor de las once de la mañana. Es miércoles de la tercera semana de agosto y a 3.200 metros sobre el nivel del mar empiezan a llegar cerca de cien agricultores, entre hombres y mujeres, de la comunidad San Francisco de Bishud y de otros poblados aledaños al cantón Guamote.
Sus tradicionales ponchos, sombreros de paja y paño, y anacos contrastan con las chompas rompeviento y los teléfonos celulares que algunos llevan en sus bolsillos.
Llegan en camionetas, a pie y otros a caballo. Y de a poco van poblando un campo revestido del dorado de la cebada.
Intentan retomar las costumbres de sus taitas y antepasados, y que habían perdido en los últimos años ante la migración a las grandes ciudades.
Agradecen al sol, a la Pacha Mama (tierra), al agua y al viento por la cosecha de sus granos, como la cebada de la variedad cañicapa (para alimento), que empezaron a sembrar a inicios de este año con fines comerciales, antes solo lo hacían para su consumo interno.
Los cantos en su lengua ancestral y el aroma a palo santo inundan esas cien hectáreas: ha empezado el ritual del Jahuay.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»