En Puerto Pitahaya ronda el miedo. En esta zona, ubicada en el cantón Arenillas, provincia de El Oro, los asaltos y los robos a camaroneras se registran diariamente. La actividad en este lugar se inicia a las 04:00.
Más de 100 pequeñas embarcaciones salen y llegan hacia y desde las 12 islas del archipiélago Jambelí. Las naves cargan combustible, balanceado y camarón. Cuando Juan llega a Pitahaya mira a todos lados.
Luce nervioso. Un bote de unos 7 metros de largo, con un motor de 75 caballos de fuerza, lo está esperando. Junto a dos de sus trabajadores se cerciora de que no haya peligro. El pequeño productor camaronero se coloca el salvavidas y emprende un viaje de casi 40 minutos hacia la isla Chupadores, con insumos para su finca.
Durante el recorrido, temerosos los tres hombres se cubren el rostro con sombreros, en especial cuando miran a extraños que pasan en otras embarcaciones. Esta es una medida de protección para evitar que los reconozcan y más adelante les roben.
Los productores sospechan que los asaltantes trabajan en grupo y se comunican entre sí para cometer los delitos. El hecho de que sea una zona fronteriza facilita el ingreso y la salida de las bandas al país.
“Hace dos años, en estas aguas se me llevaron 8 500 libras de camarón; es decir, más de USD 17 500. Desde entonces no me he recuperado”. Además de este robo, entre el 2018 y 2019 el campesino perdió cuatro motores fuera de borda.
El valor de cada uno es de USD 7 000. “Si sumamos todo lo perdido, registro una pérdida de más de USD 45 000 en menos de cuatro años”. Según la Cámara Nacional de Acuacultura (CNA), las pérdidas por asaltos y por robos de camarón, de alimento balanceado, insumos, equipos, embarcaciones y motores superaron USD 60 millones en el 2019.
El monto incluye las inversiones en seguridad privada, sistemas de vigilancia y tecnología infrarroja en las fincas.
Mónica Mora, titular de la Comisión de Seguridad Marítima de la Cámara de Productores de El Oro, dijo que el camaronero no tiene otra opción que asumir estos gastos para “salvaguardar su patrimonio”.
En el caso de Juan, los robos impactaron en sus finanzas en al menos un 30%. “Pudo ser un período de bonanza para mí, pero en lugar de eso sigo pagando las pérdidas”. Él ha optado por contratar guardianía privada y una lancha extra para resguardar su trabajo.
La inversión es costosa: USD 1 600 al mes. Esto eleva los costos de producción del pequeño negocio, en medio de un escenario local de precios bajos del crustáceo. Por eso, para Telmo Romero, presidente de la Asociación de Productores de Camarón de Santa Rosa (Aprocam JK), los perjuicios económicos que dejan los robos están “llevando a la quiebra” a los productores.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 7 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»