Sus diminutos cuerpos grises emergen desde la arena. Reptan impulsados por sus cuatro extremidades, se dirigen hacia el mar en lo que es su primera carrera de vida o muerte hasta llegar al océano.
Son las tortugas golfinas (lepidochelys olivacea). La guardería de estos bebés de playa y mar está localizada en el enclave marino San Lorenzo, suroeste de Manta, Manabí. Ese lugar considerado como el santuario de las tortugas de mar, está ubicado en el Refugio de Vida Silvestre Marino Costera Pacoche (Rvsmcp).
Antes de abrirse paso después de romper el cascarón tras 60 días de anidación, las madres de las golfinas arriban a desovar en los dos kilómetros de playa. El pasado cinco de octubre, cuando el reloj marcaba la 01:30, una madre golfina emergió lentamente desde el mar. Un equipo del Rvsmcp, conformado por dos guardaparques y la responsable del área Iliana Solórzano, llegó para realizar sus rondas cotidianas de monitoreo.
Un pertinaz aguacero, preludio del arribo de la estación de lluvias y fin del verano pega con fuerza debido a los fuertes vientos que soplan en la playa. La golfina, tarda 25 minutos hasta llegar al sitio donde desovará. Ángel Reyes es uno de los guardaparques más experimentados. Cuando se percata de la presencia de la tortuga, camina presuroso con dirección al océano.
El guardaparques José López Delgado escribe los datos de un nido registrado en playa San Lorenzo. Se ubica la especie y el número de huevos que hay. Viste ropa impermeable y abrigada para soportar el rigor del clima. Sujetada a su cabeza lleva un sistema de luz inflaroja. Ese equipo le permite acceder hacia la tortuga por las noches y madrugadas y no estresarla. Son normas internacionales que rigen para acceder a las tareas de monitoreo. Una vez que la madre golfina escoge el sitio donde depositará sus huevos, empieza a cavar un hueco en la arena. Escarba con sus aletas traseras, lo hace lentamente pero de forma continua.
Transcurren 15 minutos. El hoyo está listo. Los huevos empiezan a caer uno tras de otro desde el oviducto que está en medio de sus aletas posteriores. Después la tortuga cae en un trance hasta que culmina el desove con 120 huevos. Regresa lentamente al mar . Cuando amanece, el paso siguiente es marcar el nido con cuatro tubos de PVC y una cinta hasta formar un cuadrado. Ello sirve para que los turistas que llegan no pisen los nidos.
En la sexta temporada de desove que inició en junio de 2017 y se extenderá a mayo de 2018, se han registrado 77 nidos en San Lorenzo y 111 en playa La Botada que colinda con la primera. La zona se ha convertido en el santuario de las tortugas marinas y desde 2012 el Ministerio del Ambiente (MAE) emprendió un programa de protección que es impulsado junto con la comunidad.
Carlos Alvia, vive en la comuna de Liguique, 10 minutos al noroeste de San Lorenzo. Cuenta que desde que empezó el proyecto del cuidado a los nidos y se declaró zona protegida a Pacoche, la situación cambió en positivo para los habitantes, ahora hay muchos visitantes que llegan a la zona. La eclosión En La Botada, noroeste de San Lorenzo un manto rocoso domina parte de la playa. Los nidos de golfinas yacen en la zona menos abrupta. Por lo general los neonatos de lepidochelys olivacea, rompen sus cascarones por las noches y madrugadas. Pero hay excepciones. Algunos lo hacen a plena luz del día. Las eclosiones se registran todo el año. Cuando los bebés golfina salen desde sus nidos, rompen el cascarón, tardan en llegar a la superficie desde el interior del nido 40 minutos aproximadamente.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»