En 2010 nació uno de los más ambiciosos anhelos de los agricultores del cantón Sigchos, en Cotopaxi: producir vino de mortiño, un producto abundante en esa ciudad.
Siete años después el sueño se cristalizó con la apertura de El último inca, nombre que un gremio de productores de la comunidad Quinticusig le dio al vino que en la actualidad se elabora.
En un principio recibieron apoyo y asesoría del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG). Diecisiete socios iniciaron el proyecto, y más adelante se sumaron más productores del cantón, hasta consolidar un nutrido grupo.
Actualmente la asociación la integran 21 agricultores que hace pocas semanas recibieron de la Prefectura de Cotopaxi, la planta para la fabricación del producto, en la que se invirtieron cerca de $ 62.000. Según Hernán Ulloa, técnico de la institución, la infraestructura es una de las más modernas del país.
En la siguiente etapa del proyecto, agregó, se ha destinado una nueva partida presupuestaria valorada en $ 40.000, para la adquisición de equipos que potenciarán la elaboración del vino. Dejarán el sistema artesanal y entrarán a una fase semindustrial.
Los veintiún socios son los beneficiarios directos del proyecto. Además personas de la localidad laborarán en la producción y entrega del fruto, así como en el transporte y la comercialización del vino.
Proceso de elaboración
Mercedes Catota, una de las socias y responsables de la producción, explicó que una vez cosechada la fruta pasa por cinco procesos. “Primero se la muele, luego se mezcla con agua (1 litro de agua por cada libra de mortiño). Después inicia la etapa de endulzado y se espera la fermentación, finalmente se envasa el producto para su comercialización”, explicó la productora.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»