Expertos de todo el mundo analizan el potencial agrícola y medioambiental del carbono de los suelos.
Una espada de doble filo. De la que, además, aún queda mucho por conocer. En un momento en el que el cambio climático está (al menos oficialmente) en cabeza en la lista de prioridades mundiales, reducir la emisión de gases de efecto invernadero es la madre de todas las batallas. Y en esa lucha, los suelos del mundo —que contienen más carbono que la atmósfera y la vegetación terrestre juntas—pueden ser un gran aliado, si además del carbono orgánico que ya encierran, se consigue que secuestren todavía más. O pueden ser un enemigo, si al maltratarlos liberan los gases que acumulan desde hace años, décadas, o en ocasiones milenios.Entender mejor el funcionamiento de estos mecanismos y buscar la forma de poner a los suelos de parte de la humanidad en la lucha contra el cambio climático ha sido el motivo que ha reunido en Roma (Italia) a representantes de Gobiernos y expertos de todo el mundo durante tres días. Ronald Vargas, experto de la FAO (la agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura, anfitriona del simposio) ha abogado en la clausura por empezar, al menos —pero cuanto antes— por hacer lo necesario para mantener en el suelo el carbono que ya está allí.
Las plantas, a través de la fotosíntesis, acumulan carbono orgánico en su propia masa, igual que otros animales que las comen. Cuando las hojas o restos de plantas y frutos caen a tierra —o cuando los animales defecan— parte del carbono que contienen pasa también a los suelos y se mantiene, principalmente en el primer metro de profundidad. La forma en que se cuide y trate el terreno influye, a partir de entonces, en la cantidad de este elemento que permanece encerrado y en la que retorna a la atmósfera en forma de CO2 o metano. Evitar liberar esas reservas subterráneas se antoja clave para cumplir los objetivos acordados por los países en la Cumbre del Clima de París de mantener el calentamiento global por debajo de los 2º centígrados.
La degradación de los suelos del planeta —según la FAO, un tercio lo está— por abusar de ellos (o por el propio cambio climático) favorece esa descarga a la atmósfera. Los especialistas reunidos en Roma han compartido sus experiencias sobre una gestión sostenible de los suelos. Desde la rotación de cultivos, la reducción del uso de químicos y de la contaminación, la conservación de la vegetación o la práctica de agricultura menos intensiva, hasta la lucha contra la erosión o cultivar más legumbres.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»