La industria camaronera llega al primer lugar con alta tecnología y gran inversión. El sector bananero avanza contracorriente: una elevada intervención estatal no lo deja despegar.
El 2017 el banano ya no fue el más importante generador de divisas no petroleras, pero sí el más regulado del comercio exterior: tiene un precio oficial, no puede extender el número de hectáreas y hasta debe tener garantías por cada caja que será enviada a los mercados externos.
En contraste, el precio que se paga al acuicultor lo fijan, libremente, este y la empacadora o la exportadora, tampoco las empresas deben poner en cheque como garantía en el Banco Central para poder exportar y se están cultivando bajo la modalidad intensiva (aunque se presuma una prohibición implícita). Sus avatares han sido otros: plagas (la mayor, la mancha blanca en el 99), regulaciones medioambientales y delincuencia.
Aún así, las joyas de la corona en la exportación lograron la impresionante cifra de ingresos, $ 6.071 millones FOB (es decir, puesto sobre muelle), casi diez veces más el presupuesto del Municipio de Guayaquil y el equivalente al 6 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
El presidente ejecutivo de la Cámara Nacional de Acuacultura, José Antonio Camposano, lo considera un empate técnico: 3.037 para su sector y 3.034 para los bananeros. La diferencia es mayor si se quita al plátano de las cifras bananeras.
Las estadísticas son frías, salvo que se razone sobre las causas, que incluso pueden servir de modelo para otros sectores.
Para el camarón ha sido importante el encadenamiento del sector, la inversión en tecnología, la capacitación del personal, que a su vez ha traído ingentes inversiones externas en plantas empacadoras, de alimento balanceado, de laboratorios de larvas.
Aún con tantas regulaciones el sector bananero ha podido mantenerse como el principal exportador mundial por la calidad de la fruta, producción durante todo el año, grandes productores con alta productividad, mercados abiertos en todos los continentes.
Camarón
La tecnología ‘pesca’ ganancias
En el año 99 todo jugaba en contra. El ataque del virus de la mancha blanca(white spot) acababa con la industria camaronera que despuntaba cerca de los 1.000 millones de dólares en ventas anuales. Pero este, un sector de los más maduros y compactos de la economía nacional, supo cómo salir.
Lo hizo primero usando los sobrevivientes de la mancha blanca que convirtió en reproductores, una especie de “supercamarón”. Ahora la investigación, la tecnología, la inversión y la apertura de mercados lo hicieron volar. En el 2006 ya en recuperación, generó $ 552 millones y el año pasado $ 3.037 millones.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»