El dengue, el zika, la malaria y ahora la fiebre amarilla ya no son exclusivos del trópico: el aumento tanto de la temperatura como de las lluvias ha ampliado el rango geográfico de los mosquitos transmisores poniendo en riesgo a poblaciones que antes no estaban expuestas a estas enfermedades.
El cambio climático está modificando el panorama epidemiológico en Colombia. Según el informe Lancet Countdown 2024, la mortalidad en personas mayores de 65 años relacionada con el calor ha aumentado un 167 %, superando en 102 puntos porcentuales las expectativas sin el aumento de la temperatura. Además, el 61,3 % de las regiones del mundo han experimentado incrementos en las precipitaciones diarias promedio en comparación con el período 1961-1999, y en 2023 cerca del 40 % sufrieron alguna sequía extrema. ?
Estas condiciones climáticas extremas están creando ambientes propicios para la proliferación de vectores transmisores de enfermedades. Zonas que hasta hace poco se consideraban como seguras frente a enfermedades transmitidas por vectores –como Bogotá y otras regiones de clima templado– están empezando a reportar casos de dengue, zika y malaria, y más recientemente de fiebre amarilla. Detrás de esta transformación silenciosa está el cambio climático, cuyas consecuencias ya no son una amenaza futura, sino una realidad en expansión.
Así lo advierte la doctora en Ciencias Biomédicas Nubia Estela Matta, profesora del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien sostiene que el aumento progresivo de la temperatura, los cambios en los patrones de lluvia y humedad, y la transformación de los ecosistemas están ampliando la presencia de vectores como el Aedes aegypti —transmisor del dengue, el zika y el chikunguña— hacia zonas donde antes no sobrevivían.
“El cambio climático transforma el ambiente favoreciendo la expansión de enfermedades tropicales a lugares que antes no eran endémicos, lo cual implica que las poblaciones de esas regiones —que no tienen inmunidad— están más expuestas y son más vulnerables.
“La situación exige una revisión urgente de las estrategias de vigilancia y control, que se deben adaptar a las nuevas condiciones climáticas y no limitarse a las zonas históricamente afectadas”, explica la profesora Matta.
Señala además que “los sistemas de salud deben estar preparados para enfrentar estas enfermedades emergentes, que aumentarían con fenómenos como El Niño”.
En un artículo publicado en Periódico UNAL, la investigadora insiste en la necesidad de una respuesta integral: “el monitoreo ambiental, la participación comunitaria, la educación sanitaria y la articulación intersectorial son fundamentales para anticipar, mitigar y controlar estos nuevos riesgos sanitarios asociados con el cambio climático”.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 7 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»