Campesinos colombianos se dedican a la siembra y cosecha de la hoja de coca como una forma de subsistencia. Muchos de los cultivos se localizan en zonas fronterizas con Ecuador.
La Universidad Católica de Quito fue la sede de un encuentro en donde se analizaron problemáticas que viven los habitantes de la zona limítrofe de Ecuador y Colombia. Los expertos coincidieron en que cientos de familias se ven obligadas a realizar actividades irregulares para ganar dinero, entre ellas la siembra de la planta. NOTICIAS RELACIONADAS Santos instala Comisión de la Verdad sobre el conflicto Deficiente acceso a educación formal, carencia de infraestructura, servicios básicos y dotación de fuentes de empleo son los factores que afectan a los habitantes de la frontera norte de Ecuador. A eso se suman prácticas como la minería ilegal y el narcotráfico, concluyeron expertos en un seminario de la Universidad Católica (PUCE), realizado en días pasados.
“Drogas, Frontera y Economía” fue el encuentro que reunió a analistas de Ecuador y Colombia que trataron sobre los escenarios que se presentan en esta zona, especialmente tras la firma de paz entre Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Felipe Tascón, investigador de temas sobre cultivos ilícitos en Colombia, explicó que la siembra, fundamentalmente de la hoja de coca, no solo es un problema policial sino también económico. De ahí la necesidad de conocer cuatro razones fundamentales por las cuales el cultivo se produce en grandes cantidades. En primer lugar, es un plantío de gran rotación: un productor puede sacar cuatro cosechas al año.
Según Tascón, en Colombia hay zonas aledañas a Sucumbíos que obtienen hasta seis cosechas en 12 meses. Segundo: la coca se procesa en el campo o fincas, porque la hoja se pudre a las 72 horas de su cosecha. La tercera es que su volumen se puede reducir hasta 30.000 veces y su peso baja hasta 500 veces. “Esa es una gran ventaja porque se puede sacar la mercancía de zonas de difícil acceso. Toda una cosecha de coca puede trasladarse en una mochila”. La cuarta razón es la demanda mundial. “En las tres últimas décadas el producto tuvo un precio estable, ya que las FARC regulaban el valor que era de entre los $ 500 y $ 700 el kilo de pasta base”. No obstante, después de que las FARC dejaron las armas, la venta de esa mercancía se convirtió en un caos. “En la actualidad se paga el 60% más que antes”, según los campesinos.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 7 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»