La capacidad futura de la humanidad para alimentarse está en peligro a causa de la creciente presión sobre los recursos naturales, el aumento de la desigualdad y los efectos del cambio climático, según un informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO.
Para 2050, la humanidad llegará posiblemente a los 10 000 millones de personas. En un escenario de crecimiento económico moderado, este aumento de población impulsará la demanda mundial de productos agrícolas en un 50 por ciento más sobre los niveles actuales, según pronostica El futuro de la alimentación y la agricultura, del organismo internacional, intensificando la presión sobre unos recursos naturales que ya escasean.
La pregunta clave que plantea la FAO en su publicación es si, de cara al futuro, los sistemas agrícolas y alimentarios mundiales serán capaces de satisfacer de manera sostenible las necesidades de una creciente población mundial.
Pensando en esto, hay agricultores que se vienen preparando y piensan que la mejor manera es terminar con los monocultivos y en poco espacio producir de todo combinando la agricultura y la parte pecuaria, y rotando cultivos para que la tierra no se canse.
Es el caso de Cristóbal Gómez, quien siendo docente en el Cotopaxi, licenciado en ciencias y con un posgrado en arqueología, decidió emprender este reto y ahora a sus 76 años de edad, siendo jubilado, siente que está cumpliendo con su familia, su cantón y con la tierra.
“ En 5.000 metros cuadrados tenemos toda la producción diversificada, no existe ningún centímetro sin cultivarse, aparte de los cultivos tenemos cuyes, pollos, apicultura, faisanes, y gran variedad de cultivos que rotamos constantemente y que nos dan el sustento diario a toda la familia y la posibilidad de vender los excedentes” explica el productor.
Una de las satisfacciones de Gómez es que ya no tiene que ir a ofrecer a los mercados el producto, sino que tiene sus clientes fijos que van a la finca en busca de los alimentos por la calidad y precio. “ Los problemas más difíciles de la agricultura es la comercialización, siempre el intermediario se lleva la mayor parte con el menor esfuerzo, ahora me libré de eso con esta granja integral y alimento a mucha gente” argumenta .
Los cultivos son por temporadas, el tener varios nos permite mantener la finca productiva, mensualmente podemos hacer entre 500 y 1.000 dólares con la venta de la producción, sin contar que nos alimentamos gran parte de los miembros de la familia, destaca el productor.
Creo que hay que repotenciar la agricultura, es imposible vivir solo de un cultivo, recalca Gómez.
En la provincia del Guayas, hay otro ejemplo que nos muestra que cuando planificamos un sueño se puede cumplir, Dionicio Romero, junto a su esposa decidieron emprender un nuevo camino de supervivencia, con ensayos, tropiezos , levantadas, a veces caídas pero al final triunfos.
En sus tres hectáreas han colocado un cultivo principal que les asegura una entrada económica permanente que es la pitahaya roja, la cual lograron colocar en los mercados internacionales por su calidad y sus buenas prácticas agrícolas. El resto de la tierra la tienen con aguacate, papaya, guanábana y demás cultivos que apoyan el mantenimiento de la granja.
Para Romero, la tarea no fue fácil, cuenta que golpearon puertas de instituciones como el Ministerio de Agricultura, la Misión China que apoya proyectos en Ecuador, el Banco de Fomento y varias empresas privadas. Recuerda que luego de tener una gran hacienda, que vendió para comprar algo más cercano a una vía de acceso para sacar sus productos, llegó la dolarización y su patrimonio que era de 120 millones de sucres se convirtió en $ 4.800, con lo que pudo comprar solamente tres hectáreas.
“Ante eso, teníamos que adaptarnos a la nueva vida y ver cómo aprovechábamos el recurso; empezamos regando con manguera y pidiendo apoyo y capacitación a las instituciones del Gobierno. Lo principal es tener fe y entusiasmo”, indica el productor.
Romero dice que aún no entiende por qué los agricultores que tienen tierras salen a los mercados a comprar verduras y frutas si pueden producirlas.
Ellos venden toda la producción en su propia finca, evitando el costo del transporte. Aunque los dos trabajan todo el día en sus proyectos, dan mano de obra a personas de la zona que les ayudan en la recolección de las cosechas.
Tanto Romero como Gómez están seguros que nunca les faltará el alimento diario porque su tierra es agradecida del trato que le dan constantemente.
En algunos países como Colombia, este sistema de granjas integrales es muy común en varias zonas rurales. Se ha convertido en un gran plan contra la pobreza rural evitando la migración de los agricultores a las ciudades a engrosar las filas de desempleados.
La primera recomendación que dan los expertos en el tema para que sea un proyecto factible es aprovechar al máximo los recursos de la finca con el fin de que la inversión en el montaje de la granja no sea tan costoso. Mucha de la infraestructura, inclusive la vivienda familiar, puede ser construida con madera o guadua que produce la misma finca.
Las experiencias en el vecino país han hecho que los agricultores produzcan gas para sus cocinas y el compost para sus cultivos con los excrementos de los animales, otro ejemplo es que de los mismos cultivos de la fincas elaboran repelentes para evitar plagas sin afectar el suelo. Utilizan energía solar y evitan altos costos de pago de luz eléctrica. Elaboran silos especiales para mantener alimento para sus animales todo el año y hacen albarradas que les permiten almacenar agua lluvia para las épocas de sequía.
Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»