Más del 70 % de los colombianos desayuna con una arepa, casi siempre hecha de maíz blanco.
De hecho, Medellín, Pereira, Cali, Bogotá y Manizales son las ciudades donde la gente destina más dinero a la compra de arepas. Desde 2013, el consumo directo anual per cápita de este cereal a nivel nacional se ha mantenido en 30 kilos.
En la medida en que el consumo de pollo se ha incrementado, la demanda de maíz amarillo –grano utilizado en la elaboración de alimentos balanceados para estas aves– también ha aumentado, llegando a destinarse el 85 % para este fin.
Es así como en 2016, Colombia importó 4,6 millones de toneladas para cubrir la demanda, que llegó a 6,2 millones. Esta cifra lo convierte en el mayor importador en Suramérica, pero también pone en riesgo la subsistencia de los maiceros nacionales, en su mayoría pequeños productores que pueden vender un kilo de maíz amarillo duro por entre 700 y 1.040 pesos en Corabastos, mientras que en un puerto de Colombia ese mismo kilo se compra por 691.
Hay una oportunidad para unir esfuerzos y poner en marcha una estrategia incluyente de largo plazo, que permita trabajar temas claves como productividad, reducción de costos y competitividad, para labrar un futuro sustentable y rentable a los maiceros colombianos, que producen 1’643.908 toneladas de este cereal, cultivadas en aproximadamente 451.000 hectáreas.
Maíz para Colombia (MpCol), iniciativa coliderada por el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (Ciat), busca aumentar la productividad del maíz nacional para 2030, a través de la apropiación de nuevas tecnologías, mejores prácticas sustentables y el mejoramiento de semillas, a fin de integrar a las grandes industrias y a pequeños productores, satisfacer la demanda nacional y contribuir a reducir las importaciones.







Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 7 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»