En una coyuntura constantemente cargada de eventos políticos, sociales y económicos que afectan el negocio, se suma ahora para los productores de mango la preocupación ambiental, que en el Perú está relacionada con la recurrencia del fenómeno de El Niño, que va a tener un impacto importante en la cadena de valor.
César Morocho, presidente de la Asociación Peruana de Productores y Exportadores de Mago (APEM), reconoció que hay preocupación en el sector porque, ya con el invierno empezado, todavía la temperatura está cinco grados por encima de lo normal. “Con 21 grados como mínimo, los mangos no están floreando, cuando en junio deberíamos tener definido qué tipo de floraciones tenemos. En julio y agosto como APEM hacemos siempre una primera prospección de lo que podría pasar el año siguiente, pero ahora es una incertidumbre”, detalló.
Para afrontar el panorama actual y proyectarse en el mediano y largo plazo, Morocho propuesto trabajar en tres bloques diferenciados para el sector, que pasan por la profesionalización de la producción, acondicionamiento del producto, y el acceso a los mercados.
El reto de profesionalizar Esta primera tarea implica, señaló el presidente de APEM, en trabajar tanto con el árbol como con el productor. Así, ante la anomalía climática que vivimos, propuso buscar nuevos parques tecnológicos que permitan a futuro -si la situación se mantiene o repite- hacer florear al mango por encima de los 20 o 21 grados, así como la prevención de ataques de esporas que afecten la condición del fruto. Se debe insistir también, pidió, en la búsqueda de variedades más resistentes para escenario de escasez de agua, de fertilizantes.
Con respecto al productor, apuntó que se debe buscar su profesionalización con el apoyo de instituciones públicas y privadas, la academia, para que pueda convertirse en empresario o emprendedor agrícola. Para ello hay que solucionar el tema del minifundio que lo pone en desventaja frente a la agricultura moderna y lo hace poco atractivo para los jóvenes. En esa línea sugirió estimular la asociatividad, de tal manera que los recursos sean más accesibles. En el nuevo perfil del agricultor, se debe proveer de la información necesaria para rentabilice el cultivo y logre llegar lo que el mercado exige.
Acondicionamiento El segundo ámbito de acción que propone César Morocho apunta a que se alargue la vida útil de la fruta, lo que implica también trabajar con nuevas variedades y tecnología. En exportación, sostuvo, se necesita cantidad, calidad y continuidad, por lo que “hay que desarrollar probablemente atmósferas controladas, ceras protectoras, insumos que prevengan hongos y demás”.









Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»