Dos años después del terremoto del 16 de abril de 2016, los habitantes de la provincia han demostrado que pueden renacer. Con el aporte del resto de ecuatorianos, a través de la Ley de Solidaridad, las obras fluyeron de norte a sur. La empresa privada fue fundamental para revitalizar la economía 24 meses después.
Noticias relacionadas La calle Alajuela, reducto de los informales Manta y la capital lograron avanzar En el norte las huellas del sismo siguen vigentes Uno de los hechos que marcaron la diferencia en Manabí, luego del terremoto de 7,8 grados de magnitud del 16 de abril de 2016, fue que la infraestructura de las procesadoras de pescado no se afectó en porcentaje alto.
Las fábricas, tras las primeras evaluaciones, presentaron solo 30% de daños, según datos de la Cámara de Industriales y Procesadores Atuneros (Ceipa). Esas eran buenas noticias. El sector que abarca la mayor cantidad de mano de obra de la provincia (25.000 empleos) estaba casi intacto. Estuvo operativo ocho días después.
Pero ahí no quedaron las cosas. El movimiento telúrico había causado serios trastornos en las zonas donde pesca la flota atunera ecuatoriana. Aquello provocó que los bancos de atún casi desaparecieran. Como el as bajo la manga, los asociados de Ceipa tenían en sus cámaras de frío un resguardo de materia prima. Se habían provisto con 40.000 toneladas, ello permitió que la industria se mantuviera operativa por seis meses, mientras las capturas se normalizaban.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»