El proceso tiene su magia, porque sacar leche de una vaca puede parecer sencillo, sin embargo, es una tarea de mañas.
Mucho antes de que el cielo reniegue de la negrura de la madrugada, a eso de las cuatro de la mañana, Aldo Zambrano ya se ha “echado p’abajo” con su única consigna desde hace 50 años: sacar leche de las vacas. Dos bombillas eléctricas intentan dar luz en donde el hombre no la necesita; sus manos conocen de memoria la faena y hacen innecesario el ofrecimiento que llega desde unos palos de madera cercanos. Su cuerpo musculoso apenas se divisa entre las sombras quietas y se sabe que hay vacas por lo mugidos que, de vez en vez, rompen el silencio que impera en el sitio Visquije Afuera. Los gallos, al parecer, esta vez se han quedado dormidos. De pocas palabras y mucha acción, Aldo, quien lleva puesta una gorra de lana para defenderse del frío, dice que tiene a su cargo 23 vacas lecheras, las cuales, cada una, en promedio, le dan cuatro litros de leche. Un balde de metal le sirve de asiento provisional mientras agarra los pezones colgantes de una de las vacas a la que, primero, le ha amarrado las patas “por si acaso quiera patear”. Antes de proceder a jalar con decidido entusiasmo, el ternero -siempre su cría- le ha dado un par de mamadas, para que las tetas aflojen más fácil el producto. “A veces nos cogen calambres en los dedos de tanto apretar, aunque con el tiempo uno se acostumbra”, cuenta Aldo mientras el balde se le va llenando hasta el tope, con la espuma siempre por arriba. En total saca unos 120 litros.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 6 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»