Un proyecto en crecimiento
El colectivo se dio a conocer el pasado 8 de junio, cuando utilizó cabos de pesca para envolver el Monumento del Mono, en Guayaquil. Fue una idea que desarrollaron junto con la Universidad Casa Grande y otras fundaciones, como Mingas por el Mar. Esto sirvió para llamar la atención sobre esta problemática ambiental, mediante el hashtag #NiUnCaboSueltoMás.Durante sus siete años de trabajo, los integrantes de Mingas por el Mar han notado el incremento de cabos de pesca abandonados en las playas. Según Cecilia Torres, integrante de esta fundación, estos cabos son trampas mortales para animales como ballenas, lobos marinos y tortugas.
“No solo eso. Al enredarse en arrecifes de coral o en ecosistemas frágiles, fragmentan y fracturan los corales, sitios que son el hogar de muchos animales, microorganismos importantes para el equilibrio de esos ecosistemas marinos”, explicó la activista.
Cuando estos cabos se degradan por el sol y por el tiempo, se convierten en microplásticos que son ingeridos por animales marinos. “Algunos de ellos los comemos. Por eso es que ya existen estudios en los que se han hallado microplásticos en la sangre humana”, manifestó Torres.
Ante esta problemática, Colectivo Cabos y Mingas por el Mar están implementando un modelo de economía circular inclusiva en el país, en torno a la revalorización de los cabos de pesca y otros materiales dañinos en el océano.









Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 8 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»