El cuidado de colmenas y la capacitación de quienes se encuentran en los alrededores son importantes.
El zumbido de las abejas se hace más fuerte con cada cuadro de producción que Bayardo Sierra retira de la colmena. Las pequeñas obreras bicolor empiezan a dispersarse y el olor dulce de la miel se percibe con más facilidad. Los caminos entre las ocho colmenas que están dispuestas en columnas permanecen despejados “por si algo malo llega a pasar”, dice el hombre que ha dedicado los últimos 15 años a la producción de miel y sus derivados.
Aunque el temperamento de las abejas también depende de su cuidador y cómo se les trate, Sierra no descarta que, en algún momento, las suyas causen algún problema. “Pórtense bien”, les repite con un tono suave y calmado mientras destapa una de las colmenas que está cargada de miel.
Hablar de sus abejas es para Sierra como hablar de su vida. Lo hace de forma fluida y segura. Sus colmenas están en la Av. Eloy Alfaro, en un sector conocido como Matucucho, desde hace más de cinco años. Lejos de los edificios altos que se ven desde la calle, en una pequeña elevación, está el lugar de producción.
Ahora esta zona es muy poblada pero, hace casi 20 años que su padre inició con todo, un poco más al sur de la ciudad, “no había más que pocas casas y una fábrica”, recuerda.
Ahora él, tiene destinado otro terreno un poco más apartado de la zona poblada para sus colmenas. Dice que es más por la tranquilidad de las abejas, para que estén mejor y por protegerlas de los robos. “Ellas también necesitan un ambiente tranquilo”.
Panorama
Por seguridad de las personas que están junto a las colmenas, Sierra dice que deben estar alejadas al menos 30 o 40 de metros de donde todo sucede. Además, por su parte ha hablado con los vecinos para que sepan cómo actuar en caso de que se presente un ataque del enjambre.








Angélica comentó sobre ECUADOR: FIASA abre fondos para investigación agrícola · hace 9 h
«Muy excelente proyecto, yo trabajo en un proyecto fiasa con la universidad»