Un estudio de Embrapa Medio Ambiente y la Universidad de Rio Verde (UniRV) reveló que el consumo de herbicidas en Brasil se más que duplicó entre 2010 y 2020, pasando de 157.500 a 329.700 toneladas anuales, un aumento del 128 %, muy por encima del crecimiento de la superficie agrícola (24 %).
El fenómeno responde a la creciente resistencia de las malezas al glifosato, principal molécula utilizada en la agricultura brasileña, lo que ha obligado a los productores a incorporar nuevas moléculas como cletodim (+2672 %), triclopir (+953 %), haloxifop (+896 %) y 2,4-D (+233 %), entre otras.
? Según Robson Barizon, investigador de Embrapa, los agricultores buscan “seguir utilizando el control químico como única solución”, pero esta dependencia eleva los costos, aumenta la carga química sobre el medio ambiente y genera mayor presión selectiva sobre las malezas.
El problema se agrava por la falta de alternativas sostenibles. Métodos físicos como el deshierbe con láser o bioherbicidas aún tienen poca presencia en el mercado nacional, lo que deja a los agricultores sin opciones viables más allá de los químicos tradicionales.





