La Encefalopatía Espongiforme Bovina, EEB, conocida como la enfermedad de la vaca loca, continúa siendo un desafío para la industria ganadera
Clasificada dentro del grupo de Encefalopatías Espongiformes Transmisibles, Eets, la EEB ha sido objeto de investigaciones en su epidemiología, transmisión y agentes etiológicos. Información suministrada por el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA
Desde su primer diagnóstico en Inglaterra en 1986, la EEB ha cobrado más de 190.229 casos en todo el mundo, con el Reino Unido liderando las estadísticas con 184.508 casos, seguido por otros países de Europa, Japón, Israel y América del Norte, incluyendo Canadá y Estados Unidos. El agente causal de la EEB es un prion, PRP, una partícula proteica infecciosa carente de ácido nucleico, que transforma la proteína celular normal, Prpc, en una isoforma anormal, Prpsc, resistente a la degradación enzimática. Esta proteína anormal se acumula en el Sistema Nervioso Central, SNC, causando cambios espongiformes característicos de la enfermedad.
La principal vía de transmisión de la EEB es la ingestión de alimentos contaminados con harinas de carne y hueso que contienen el prion anormal. Con un período de incubación de 4 a 6 años, la enfermedad puede afectar a vacas adultas de cualquier raza o sexo, aunque se observa con mayor frecuencia en vacas lecheras entre los 4 y 6 años de edad.
Investigaciones sugieren que la EEB puede haber surgido de una mutación del prion bovino o a través de la transmisión del agente del Scrapie de ovejas a vacas, principalmente debido a prácticas alimentarias modificadas en el Reino Unido a principios de 1981.
La asociación de la EEB con la variante de Creutzfeldt-Jakob, Vcjd, en humanos en 1996 ha intensificado la necesidad de medidas más estrictas de seguridad e inocuidad alimentaria. La ingesta de menos de 1 gramo de tejido cerebral infectado es suficiente para desencadenar la enfermedad en bovinos.
Para combatir la propagación de la EEB, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, FDA, ha implementado regulaciones, prohibiendo el uso de partes de alto riesgo en la producción de alimentos para animales desde 1997. Además, la colaboración con el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, Usda, ha fortalecido los controles fronterizos y la vigilancia en la cadena alimentaria.





