En el marco del Día de los Pueblos Indígenas es imperativo reflexionar sobre la confluencia entre la preservación medioambiental, el surgimiento de la bioeconomía y los derechos intrínsecos de los pueblos indígenas y las comunidades rurales amazónicas.
Este vasto pulmón verde, que cubre 6 millones km2 y abraza a nueve naciones, es considerada una de las áreas biológicamente más diversas del planeta, y se estima que alrededor del 10% de todas las especies de plantas se encuentran en esta región, incluyendo más de dos mil especies de peces, 14,000 especies de plantas y alrededor de 1.5 millones de especies de hongos.
Sin embargo, la Amazonía está enfrentando amenazas sin precedentes. Las proyecciones sugieren una alarmante deforestación para el 2030, con impactos económicos y ecológicos que podrían traducirse en pérdidas superiores a los US$230 mil millones, según señala el BID.
Esta problemática es global. Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas señaló que la era de la ebullición global ha llegado. Esta alarmante declaración fue emitida después de que los científicos indicaran que el mes de julio de 2023 estaba en camino de convertirse en el mes más caluroso jamás registrado en el mundo. Y es que, bajo cualquier cálculo científico, la posibilidad de detener el aumento de la temperatura global a 1.5ºC (por encima de los niveles preindustriales) requiere de una selva amazónica saludable.
En medio de este panorama complejo, emerge una luz de esperanza. Los pueblos indígenas y las comunidades rurales de la Amazonía están arraigadas en su profundo saber ancestral y en una relación simbiótica con la selva, poseen la clave para una transformación sostenible y sustentable.
Los pueblos indígenas y las comunidades rurales de la Amazonía residen en regiones de vasta biodiversidad y conservan saberes ancestrales esenciales para la protección y revitalización del bioma amazónico. Además, poseen una imprescindible capacidad productiva que asegura la alimentación y nutrición de una creciente población urbana. Sin embargo, a pesar de sus invaluables aportes, enfrentan desafíos significativos como la pobreza, la violencia, el desempleo y el hambre.





