El sector bananero ecuatoriano debe anticiparse a los posibles impactos del fenómeno de El Niño y fortalecer desde ahora sus sistemas de prevención, drenaje y manejo fitosanitario, advirtió Paul Vera Gilces, de la Escuela Politécnica del Litoral (ESPOL), durante una entrevista con Diario El Productor, en el marco del Simposio Bananero organizado por AgrotecBan.
Vera, especializado en el monitoreo y análisis de la evolución del fenómeno de El Niño, explicó que actualmente existe una vigilancia permanente de las condiciones oceánicas y atmosféricas, tomando como referencia, entre otros, los reportes semanales de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
Atmósfera y océano, las claves del monitoreo
El especialista señaló que uno de los principales aspectos para determinar la evolución de El Niño es el acoplamiento entre la atmósfera y el océano. A esto se suman las anomalías de temperatura superficial del mar y, especialmente, las temperaturas subsuperficiales, entre los 100 y 200 metros de profundidad.
“Eso significa que existe energía que va a sostener un evento como el fenómeno de El Niño”, explicó.
Otro indicador fundamental es el comportamiento de los vientos alisios. Cuando estos vientos se debilitan, la acumulación de aguas cálidas que normalmente permanece en la zona de Asia e Indonesia comienza a desplazarse hacia el Pacífico oriental.
Vera explicó que, bajo determinadas condiciones, este desplazamiento puede generar las denominadas ondas Kelvin, que transportan energía y agua cálida hacia las costas de Ecuador y Perú.
En este seguimiento también adquiere especial importancia la región Niño 1+2, debido a su relación directa con las condiciones climáticas de Ecuador y Perú.
Ecuador enfrenta un escenario de alta vigilancia
De acuerdo con el especialista, el fenómeno de El Niño se encuentra oficialmente declarado y existe una probabilidad superior al 90% de que el evento alcance una severidad importante.
Ante la pregunta de si El Niño necesariamente implica lluvias para Ecuador, Vera señaló que, generalmente, el fenómeno está asociado con un incremento de las precipitaciones en el país, mientras que La Niña suele relacionarse con condiciones más secas.
Sin embargo, enfatizó que el análisis no puede limitarse únicamente a la cantidad de lluvia.
“El fenómeno del Niño es algo integral, es algo un poquito amplio”, sostuvo, al explicar que también deben vigilarse variables como temperatura, humedad, radiación, condiciones del suelo, drenaje y presión de enfermedades.
El sector bananero debe mirar las zonas vulnerables
Uno de los puntos de mayor preocupación para el especialista está relacionado con la vulnerabilidad de las zonas inundables, particularmente en la provincia de El Oro.
Vera señaló que en esta provincia existen actualmente casos de Fusarium, una situación que, combinada con condiciones de inundación y humedad, obliga a reforzar las medidas de prevención.
“No es una condición de estar ahí poniendo sensacionalismo detrás de esto, pero sí hay que estar conscientes”, manifestó.
A su criterio, la prevención debe convertirse en una prioridad para el sector, debido a que resulta mucho menos costosa que enfrentar posteriormente una emergencia sanitaria o productiva.
El sector ha ganado resiliencia
Vera destacó que los productores bananeros no parten de cero. Recordó que hace aproximadamente tres años también se esperaba el desarrollo de un fenómeno de El Niño, aunque finalmente no se produjo completamente el acoplamiento entre océano y atmósfera y Ecuador no registró una anomalía de lluvias de gran magnitud.
Aquel episodio, sin embargo, llevó a muchos productores a realizar inversiones en infraestructura y manejo preventivo.
“Estas son buenas noticias, el sector ha ganado resiliencia a lo largo del tiempo. Estamos definitivamente algo más preparados”, afirmó.
No obstante, insistió en que esa preparación debe mantenerse y adaptarse a las condiciones actuales.
La presión sobre la Sigatoka negra continúa
Otro de los factores que preocupa al sector es el comportamiento de la Sigatoka negra, enfermedad que puede verse favorecida por condiciones de mayor humedad y temperatura.
Vera explicó que la ESPOL ha desarrollado un índice ecoclimático para el seguimiento semanal de la Sigatoka negra. Normalmente, a partir de la semana 21 se observa una disminución de la presión de la enfermedad, lo que permite ampliar los intervalos entre aplicaciones.
Sin embargo, este año el comportamiento ha sido diferente.
“Este año no ha pasado eso, nuestro índice permanece muy por encima, no ha tenido este decaimiento que usualmente tenemos a partir de la semana 21”, explicó.
Por ello, recomendó a los productores no ampliar los ciclos de fumigación y mantener estrictamente los programas fitosanitarios, debido a que las condiciones climáticas actuales continúan favoreciendo una elevada presión de la enfermedad.
Más temperatura, humedad y radiación
El especialista también reportó anomalías importantes en las condiciones atmosféricas dentro de las plantaciones.
Según explicó, actualmente se registran anomalías de temperatura superiores a un grado centígrado, una variación significativa desde el punto de vista climático.
En cuanto a las precipitaciones, señaló que el año presenta alrededor de 15% más lluvia que el promedio climatológico de los últimos 40 años.
Pero la lluvia no es el único elemento que debe preocupar al productor. Vera destacó además el incremento de la radiación solar, que registra una variación superior al 10% respecto al año anterior.
Una radiación excesiva puede terminar afectando variables productivas como el peso y el calibre de la fruta.
Drenaje, infraestructura y manejo integral
Frente a este escenario, Vera recomendó mantener en óptimas condiciones los canales de drenaje y los sistemas de bombeo, especialmente en las zonas susceptibles a inundaciones.
El exceso de agua puede generar saturación de los suelos y afectar la producción. Además, las inundaciones pueden dificultar la movilización de la fruta desde las fincas y comprometer las vías de acceso.
El estrés también puede repercutir en la calidad de la fruta y reducir su vida de anaquel.
Por ello, el especialista planteó la necesidad de complementar las obras de infraestructura con programas de bioestimulación, orientados a ayudar a las plantas a enfrentar el estrés térmico, hídrico y provocado por niveles elevados de radiación.
Los primeros impactos podrían sentirse desde octubre
Respecto a los tiempos previstos, Vera indicó que para octubre podrían comenzar a observarse signos del fenómeno de El Niño en Ecuador, mientras que el desarrollo del evento podría intensificarse hacia enero de 2027.
Sin embargo, hizo una advertencia al sector: no se debe esperar hasta octubre para comenzar a tomar decisiones.
“Ya deberíamos”, enfatizó, al explicar que las condiciones climáticas actuales ya tienen efectos sobre la fruta que será cosechada en los próximos meses.
“Las cosas que vemos ahorita o que pasan ahorita ya están impactando la fruta de tres meses al futuro”, señaló.
La recomendación final para los productores es clara: anticiparse, mantener la infraestructura preparada, reforzar el monitoreo climático y fitosanitario y establecer una planificación integral, en lugar de reaccionar cuando los efectos del fenómeno ya estén instalados en las plantaciones.
Para Vera, la preparación temprana será uno de los factores determinantes para que el sector bananero pueda enfrentar de mejor manera las condiciones que podría traer El Niño durante los próximos meses.
«Están cumpliendo con la normativa ambiental nacional y local ? Cumplen con todos los sub planes del plan de manejo ambiental? Han implementado algún programa de reforestacion para mitigar y/o compensar los posibles impactos ambientales negativos, como por ejemplo descargas de agua sin previo tratamiento? Gracias»
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