TRAVISER propone diagnóstico, nutrición de precisión y tecnología geomática para enfrentar los efectos del exceso de humedad en los cultivos
Frente a la posibilidad de que el fenómeno de El Niño genere períodos de lluvias intensas y exceso de humedad en diferentes zonas productivas del país, el sector agropecuario ecuatoriano enfrenta un desafío que va mucho más allá de evitar inundaciones.
El verdadero reto está en conocer qué ocurre en el suelo y en la planta antes de tomar decisiones que pueden representar mayores costos para el productor.
En entrevista con Diario El Productor, el gerente de TRAVISER, Alfredo Pihuave Nacif, explicó que ante un escenario climático extremo no necesariamente la respuesta debe ser aplicar más fertilizantes. El exceso de agua modifica las condiciones del suelo, afecta la respiración de las raíces y puede reducir la capacidad de la planta para absorber nutrientes y realizar adecuadamente sus procesos fisiológicos.
Por ello, una recomendación nutricional convencional, sin conocer previamente las condiciones específicas del suelo en donde se desarrollan los cultivos, podría significar una mayor inversión sin garantizar una respuesta productiva.
Primero diagnosticar, después intervenir
Para TRAVISER, la prevención debe comenzar antes de que el problema se manifieste plenamente en el cultivo.
La empresa plantea un proceso basado en cuatro etapas:
Diagnosticar → Georreferenciar → Intervenir → Medir nuevamente.
El objetivo es determinar qué está ocurriendo en el suelo, cuál es la condición nutricional de la planta y en qué sectores de la hacienda se concentran los problemas.
Esta metodología integra análisis técnico, análisis de suelo y foliar, nutrición vegetal de precisión y GEO SYSTEM, permitiendo que las decisiones se tomen con información y no únicamente a partir de una percepción general de los predios en donde estan los cultivos.
“Ante un evento climático extremo, fertilizar más no necesariamente significa nutrir mejor. Primero debemos entender qué está pasando en el suelo, qué está expresando la planta y en qué sectores de las haciendas está ocurriendo”, señaló Pihuave.
La tecnología como herramienta de prevención
El gerente de TRAVISER considera que el productor ecuatoriano cuenta actualmente con herramientas tecnológicas que permiten enfrentar los eventos climáticos de una manera diferente a décadas anteriores.
“Lo mejor es prepararse y no entrar en pánico. A diferencia del fenómeno de El Niño que ocurrió en 1997-1998, no estábamos preparados. En esta década que vivimos, donde la tecnología ayuda, nosotros prevalecemos”, manifestó.
La prevención permite identificar anticipadamente las zonas más vulnerables, establecer estrategias diferenciadas y hacer seguimiento de los resultados después de la intervención.
La premisa es clara: no todas las áreas de una hacienda reaccionan de la misma manera frente al exceso de agua y, por lo tanto, tampoco requieren necesariamente la misma intervención.
¿Qué puede ocurrir con los principales cultivos?
Una vez entendido el comportamiento del suelo y la planta, el siguiente paso es analizar cómo un evento climático puede trasladarse a la producción, la oferta comercial y la rentabilidad de cada cultivo.
Banano: menos fruta exportable no significa necesariamente menos producción
En banano, el impacto puede presentarse tanto en el rendimiento como en la calidad de la fruta y en la logística.
En 2025, las exportaciones ecuatorianas de banano y plátano alcanzaron aproximadamente USD 4.262 millones, un récord histórico.
En este contexto, una reducción del rendimiento, problemas de calidad o dificultades para transportar la fruta pueden disminuir el número de cajas exportables, incluso si una parte importante de la producción continúa en las plantaciones.
Por eso, el impacto económico de El Niño no debe medirse únicamente en toneladas perdidas.
Cacao: el precio internacional no garantiza rentabilidad
El cacao presenta un escenario diferente.
Ecuador exportó aproximadamente USD 4.186 millones de cacao en grano durante 2025, en un contexto de elevada demanda internacional.
Una menor producción podría generar presión alcista sobre los precios. Sin embargo, el productor no necesariamente se beneficiará si el exceso de humedad afecta la fermentación, el secado o la condición sanitaria del grano.
La ecuación vuelve a ser más compleja:
menos producción comercializable + mayores costos = menor rentabilidad, aun con precios altos.
“Precio alto no significa necesariamente mayor rentabilidad”, enfatizó Pihuave.
Palma: el tiempo también determina el resultado
En palma, las lluvias excesivas pueden dificultar el ingreso a las plantaciones y retrasar la cosecha.
El fruto debe ser cosechado y trasladado oportunamente para su procesamiento. Cuando existen problemas de acceso o retrasos en las labores, el impacto puede trasladarse posteriormente a la disponibilidad de aceite y a los costos de toda la cadena industrial.
Arroz y maíz: el efecto puede llegar al consumidor
En arroz y maíz, cultivos de gran importancia para el abastecimiento nacional, el comportamiento es más directo:
menos hectáreas sembradas → menor producción potencial → menor oferta → presión sobre precios o necesidad de importaciones.
Sin embargo, el escenario debe analizarse con cuidado.
En arroz, por ejemplo, el sector viene enfrentando períodos de sobreoferta y bajos precios. Una reducción moderada de la producción podría inicialmente disminuir los excedentes y contribuir a equilibrar el mercado.
Pero si un evento climático prolongado afecta dos ciclos productivos, el panorama podría cambiar completamente y generar un déficit.
Producción, oferta y rentabilidad no son lo mismo
Para TRAVISER, uno de los principales errores sería evaluar los efectos de El Niño únicamente desde la cantidad de toneladas producidas.
Producción ≠ oferta comercial ≠ rentabilidad.
Un agricultor puede producir y cosechar, pero tener menos oferta comercial si parte del producto pierde calidad, no puede ser transportado oportunamente o deja de cumplir los estándares exigidos por determinados mercados.
Por ello, la preparación frente a El Niño debe comenzar antes de que la hacienda esté inundada.
La combinación de diagnóstico técnico, nutrición vegetal de precisión y tecnología geomática busca que el productor pueda conocer dónde está el problema, intervenir de manera específica y posteriormente medir los resultados.
“Ahí es donde el análisis técnico, la nutrición vegetal y la tecnología geomática se convierten en herramientas para proteger productividad y tomar decisiones con evidencia”, concluyó Alfredo Pihuave Nacif, gerente de TRAVISER.
«Me encantaria conocer un poco más de este ambicioso proyecto, porque en el corto plazo podrá constituirse en una fuente de ingresos adicional a productores. Sin embargo quiero entender mejor al referirse a la cascarilla, significa que es el subproducto que sale al TOSTAR EL GRANO?»
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